Como probablemente sepáis, este año decidí pasar del soleado agosto españolito y empacar hacia latitudes más frías y lluviosas. Con el firme objetivo de conocer nuevos mundos y mejorar mi inglés marché hacia Dublin, la capital de Irlanda.
En primer lugar debo decir que la fama de lluviosa de la isla verde no se hizo de rogar y la primera semana que estuve allí sufrí interminables aguaceros. Quizá fue exagerado, los nacionales nos dijeron que no recordaban lluvias así en años... Hubo hasta inundaciones.
Segundo, hay que recordar que ir a Irlanda a practicar el inglés también merece hacer un esfuerzo una vez allí... El esfuerzo por no estar siempre rodeado de nuestros compatriotas que llenan la ciudad.
¿Y qué tal Dublin? Como ciudad y como destino turístico francamente me decepcionó. No es bonita (lo bonito de Irlanda desde luego son los paisajes, los acantilados) y es bastante sucia. No os voy a engañar, tampoco me esperaba mucho de un lugar cuyas guías turísticas ponen como un primer reclamo la fábrica Guiness.
Pero es que la Guiness es un punto fundamental. La cultura del beber es sagrada en aquellos lares. No es broma. No es como nuestra cultura festiva del beber. Allí es exageradísima (y a veces ciertamente alarmante). Los pubs son punto de encuentro ineludible para hacer vida social en toda Irlanda. Cualquier cosa puede ser susceptible de acabar siendo un pub, incluidas una antigua sucursal de banco o una iglesia del, si no recuerdo mal, s.XVII o XVIII. En la católica Irlanda la primera religión se sustenta en la buena cerveza, amigos míos.
Quizá de ahí venga el mayor encanto de esta ciudad. Su animación (en el centro, no os vayáis a creer) diaria, con sus pubs repletos todos los días de la semana, sus músicos en la calle a pesar de la inclemencia del tiempo. Merece la pena pasarse por la multitudinaria Temple Bar con sus clubs (mención de honor para el Fitzsimmons) y pubs. Y eso que está, al menos en verano, asaltada por hordas hispanas, italianas, de Europa del Este y demás orígenes.
Quizá siga hablando de Dublin e Irlanda... más adelante (O quizás, no).
P.d. Este post está inexcusablemente dedicado a mi buen compañero de andanzas dublinesas, y en otros lugares del mundo.Tags: Dublin, pubs, temple bar, viaje